El Miembro y su Historia

Mi mai me lo advirtió, claro. “Nerdo, no te claves el botellón.”

Yo, en cambio, no hice un bicho de caso. Obvio que me clavé el puñetero botellón de Pepsi. Obvio. Ella me había pedido que “no jugara de manos” con él pero ajá, me lo pasé por las pelotas. Literalmente.

Me pasé el botellón vacío por las pelotas y me gustó. Más que cuando me raspé una casqueta conconditioner. Y aquella pendejá si que fue deliciosa déjame decirte. Anyways, el bicho mío se paró y decidí clavarmelo pal’ carajo. Meterlo por donde usualmente sale el refresco. Yo lo tenía chiquito y por eso cupo. La pendejá es, que una vez lo metí, parece que apreté el botellón o algo, y como resultado de un efecto chupón, el cabrón se quedó pillau’. “El cabrón” vendría siendo mi mamerro.

Hoy miro hacia atrás y entiendo como sucedió. Debe haber sido un mecanismo similar al que ocurre cuando metes la lengua por el roto de una Malta India y chupas. ¿Qué sucede? – Exacto, se te queda la botellita guindando de la lengua. Eso se debe al “efecto chupón“, algo científico y complicado que me explicó Pando. Un enfermero que yo conozco. Luego te cuento más de ese cabrón, pero por ahora continuemos con el criquero en el cual me encontraba.

Pensé que quizá, si pudiese entrar un poco de aire al botellón, el bicho tendría chances de salir victorioso. Pero yo todavía no se soplar por el bicho. Aunque fíjate, una vez me metieron un foli por la uretra (pa’ una operación), y después que me lo sacaron, meé aire. Jurau’. Algo similar a lo que pasa cuando abres la pluma después de que se te fue el agua un rato. Salen intérvalos de aire interrumpidos por agua. Olvídate. Un badtrip massivo, pero por el bicho.

Anyways. Tenía el bicho metío en el botellón. Y si jalaba, me dolía con cojones. Intente apretar el botellón pa’ ver si me escupía el bicho pa’ fuera. Nada que ver. Pensé que quizá si le sometía más ímpetu al empujón, alomejor funcionaba mi invento. Resolví buscando un cojón de libros con el fin de suspenderlos encima del padrino. Arribita puse la Biblia e incluí una oración: “Papa Dios te necesito”. Coloqué el botellón enbichado sobre una mesa, y dejé caer los libros sobre él.

ERROR resultando en un dolor que era nuevo para mí. De que me dió un calambre cabrón en el culo. Se sintió super raro porque el aire entró por mi urethra pa’ dentro y sentí que mis órganos iban a implosionar. Como si un terremoto hubiese ocurrido en mis interiores.

Cuando se me pasó el calambre anal (algo también ULTRA nuevo para mi), descubrí que me había cagado encima. Caminé con el culo enjabonau’ de mierda hacia el baño y me limpié. Si alguna vez quieres sentirte super humillado de ti mismo, te recomiendo que camines desnudo, cagado y con un padrino comportándose como un péndulo guindando del bicho tuyo.

Sin saber qué hacer, me puse unos sweatpants de Pai, con to’ y padrino por dentro (que se fucking joda), y me encaminé a la puerta. Antes de salir, me miré en el espejo de casa y se me subieron los ánimos. Parecía como si tuviese un bicho mounstruoso guindando entre las patas. Salí de casa, y al primero que veo es a Chuito. El estaba en el MotoCross de Ángel. Me vio caminando extra-cautelosamente y entendió que algo andaba mal.

No tuve otro remedio que explicarle. Le conté todo. Excepto la parte de que me cagué encima. Eso es demasiau’ bochornoso. Pues para mi sorpresa, Chuito decidió ayudarme. Algo super raro viniendo de la misma persona con quien tirotié el Capitolio.  El amigo más problemático que alguien puede tener.

Anyways, el problemático sugirió llevarme a casa de Pando. Un pato que también es enfermero, super afuego el cabrón. Perfectamente capacitado pa’ bregar con mi situación del mamerro en el padrino sin tener que decíscelo a mai ni ir al hospital.

Pando no vive cerca, tenía que montarme detrás de Chuito pa’ tirarnos la misión hasta allá. Dado a mi protuberancia, osea el mamerro apadrinado, no me podía sentar mirando hacia alfrente. Me senté espalda con espalda y Chuito arrancó como el anormal que es; super rápido. Por poco me caigo, pero me logré agarrar de los bordes del sillín.

Ir como a 30 millas, en una carretera con bastante tráfico, mirando hacia atrás y con el bicho estancado en un botellón; hace que uno se sienta super vulnerable.

Empezando el camino, comencé a escuchar como mis sweat-pants rosaban con la goma. “Prrrr.” Trataba de apartar el pantalón de la goma pero siempre terminaba escuchando el ruido ese de la goma rosando el pantalón. Pensé en agarrarme el pantalón, pero mi seguridad peligraba. Ambas manos tenían que estar aguantando el sillín.

Después de como 5 minutos de rosaera, el pantalón cedió pal’ carajo. Se rajó el área del muslo izquierdo y por ahí se salió el padrino.

Sí. Mi pinga encapsulada estaba mirando directamente hacia el tráfico. Super bochornoso. Yo no podía hacer nada porque jamás me hubiese yo soltado de aquel sillín. Mis manos eran inútiles para cualquier otra cosa. Alomejor con menos tráfico, o con Chuito guiando menos pendejamente, quizá me hubiese agarrado el botellón con una mano. Las circunstancias eran otras. Pa’ colmo, el padrino caía recostado de la goma trasera, y parece que su fricción contra la goma, creaba un efecto de rebote. Osea que el padrino y mi bicho parecían un doloroso juego de ping-pong. Si tu sujetas una bola de tenis a una soguita, y la tiras sobre una superficie redonda que se está moviendo en una dirección contraria, la cabrona va a rebotar eternamente. O por lo menos mientras la superficie siga girando. Algo así estaba sucediendo con el bicho mio y su padrino protector.

Interesantísimo pa’ los carros de atrás.

Pensé por un momento pedirle a Chuito que pare. Pa’ recapacitar y reorganizar mi bicho. Rápido llegué a la conclusión de que nuestro camino hacia casa de Pando no podía interrumpirse.

Ya el tráfico de atrás me tenía encojonau’. Imagínate, yo con un botellón de Pepsi entre las patas. Mirando diréctamente hacia ellos y con las manos agarrando el sillín debajo del culo mio, que por cierto, había experimentado con un extraño calambre hacía como 15 minutos. Los carros que nos rodeaban no veían mi bicho todavía.  Gracias a que todavía quedaban rastros del sweat-pant por esa zona. Pero era obvio que “algo raro pasaba conmigo“. Decidí atacar el problema de mis vecinos en la carretera.

Empecé a mear. Pal’ carajo con to’. Mi meta era coger de pendejo a to’ estos cabrones. Verían lo que guindaba, y creerían que era un botellón de Mountain Dew. Ahora, reconozco que fue un plan estúpido, principalmente porque el botellón todavía tenía el sello de Pepsi, pero en el momento, me hizo mucho sentido. Además, lo mio era resolver problemas, no crearlos.

¿No crearlos? Dios me castigó por lo de la Biblia. Chequeate. A mitad de meá, me di cuenta de que quizá esto no era tan buena idea porque el peso de mi propio orín me podría decapitar el bicho con to’. De que vamos a decirle adiós a mis futuros planes de venírmele a alguien en las tetas. La cosa es, que una vez uno empieza a mear, uno no puede parar, ni siquiera si el bienestar de tu bicho está en riesgo. Creeme, yo traté. Terminé meando como hasta casi llegar al sello de Pepsi.

Pues cuando terminé de mear, miré directo al tráfico. El botellón segía rebotando, aunque con menos frecuencia. El dolor era más, mucho más, eso sí. ¡Obvio! Si ahora esa pendejá pesaba un quintal. Los carros seguían a mi alrededor y yo continuaba siendo su entretenimiento. En una me fui en el viaje de que podía escuchar a la gente riéndose de mi en sus respectivos carros.

Aparentemente, de tanto rebotar, al botellón se le hizo un rotito. Me percaté de esto bastante rápido, ya que el meau comenzó a salpicarse en mi espinilla derecha. Era un chorrito finito y calientito. Definitivamente mi propio orín. Alegría inundó mi corazón porque calculé que el dolor disminuiría con un poco de paciencia. Además de ponerse más liviano el padrino, pensé que una vez se salga todo el meau’ quizá el aire entraría, resultando en yo poder safarme de estas garras infernales.

Negafuckingtivo.

El hecho de que el botellón se estaba vaciando; significaba que su espacio libre (el que tenía aire), estaba creciendo mientras el espacio ocupado (el que tenía meau’), disminuía. Eso eran malas noticias, porque se estaba formando un efecto vaccum en ese espacio libre, que es donde residía momentáneamente el bicho mio. Podía escuchar el plástico estrujarse y esta vez no me lo estaba imaginando. La pinga mia podía sentir como se espachurraba como una pasa. Un dolor que ni te puedo explicar. De más está decir que empecé a gritar como una fucking puta. Con la cabeza hacia arriba y con los ojos cerrados, lágrimas se escurrieron pa’ afuera. Todo esto mientras gritaba en agonía. Obvío, si la ciencia me estaba exprimiendo el bicho pal’ carajo.

Habrán pasado unos 10 segundos de dolor intenso cuando Chuito se detuvo. Ahí mismo me desplomé y caí en una grama medio fangosa que había allí. Aparentemente ya estábamos en casa de Pando. No recuerdo más nada.

***

Poco después, desperté de lo que yo le llamo un mini-desmayo. Tenía toda la espalda sudá. Me dolía la cara, supongo de tanta mueca que hice al llorar y gritar. Uy. Lo primero que hice fue tocarme allá abajo. Le di gracias a Dios porque todavía tenía un miembro. Pedí perdón por usar su libro en vano. Luego, me volví a toquetear. Algo había pasado. Lo que colgaba entre mis patas era algo extraño. Raro. Definitivamente algo diferente a lo que había entrado al botellón hacía escasamente media hora.Sentía un bicho grande. Me miré, y efectivamente. Aunque el cabrón estaba to’ mongo, era como del tamaño de un guineo maduro. Anda pal’ carajo, pense mientras me miraba. Miré hacia arriba y al primero quien vi fue a Pando.

Arrancó preguntándome que porqué no rompí el botellón en casa.  Con hacerle un roto pude haber solucionado todo el problema sin salir de casa.

“¡Cabrón qué se yo!” Le contesté medio jaquetón. La verdá es que, esa era la pura verdad. Por mi cabeza nunca pasó hacerle un boquete al botellón para dejar el aire entrar. Supongo que me paniquié.

“¡Ahora mejol¡ Con este claje’ bicho no hay quien no quiera comérselo pal’ carajo. Mujereh cabrón no te pongas, ¿Ah?”

De ahí, Pando emprendió en una explicación toda científica del porqué me había sucedido eso. Hasta me dijo disque existen unas “pompas” que hacen ese mismo efecto de engrandecer el bicho con el vaccumese. Eso fue medio badtrip porque ya yo estaba maquinando hacerme de chavos con este método innovador de “enmostraera de bicho”.

Y pa’ cerrar todo su argumento, terminó diciéndome que no me encariñe mucho de mi nuevo tamaño, ya que al día siguiente volvería a su tamaño normal. Badtrip.

Efectivamente. Al otro día, volví a un bicho chiquito, pero to’ doblau’ to’ atrofiau’ pal’ carajo.

Fin, welebicho.

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