bicho

El Miembro y su Historia

Mi mai me lo advirtió, claro. “Nerdo, no te claves el botellón.”

Yo, en cambio, no hice un bicho de caso. Obvio que me clavé el puñetero botellón de Pepsi. Obvio. Ella me había pedido que “no jugara de manos” con él pero ajá, me lo pasé por las pelotas. Literalmente.

Me pasé el botellón vacío por las pelotas y me gustó. Más que cuando me raspé una casqueta conconditioner. Y aquella pendejá si que fue deliciosa déjame decirte. Anyways, el bicho mío se paró y decidí clavarmelo pal’ carajo. Meterlo por donde usualmente sale el refresco. Yo lo tenía chiquito y por eso cupo. La pendejá es, que una vez lo metí, parece que apreté el botellón o algo, y como resultado de un efecto chupón, el cabrón se quedó pillau’. “El cabrón” vendría siendo mi mamerro.

Hoy miro hacia atrás y entiendo como sucedió. Debe haber sido un mecanismo similar al que ocurre cuando metes la lengua por el roto de una Malta India y chupas. ¿Qué sucede? – Exacto, se te queda la botellita guindando de la lengua. Eso se debe al “efecto chupón“, algo científico y complicado que me explicó Pando. Un enfermero que yo conozco. Luego te cuento más de ese cabrón, pero por ahora continuemos con el criquero en el cual me encontraba. Sigue leyendo

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